“Cafe (con) Tod”, un Café de muerte.

El otro día me invitaron a tomar café…

Ángela quería que conociera a un tal Tod. Llevaba varios días hablando de él emocionada, así que pensé que sería un viejo amigo que venía a pasar unos días a Berlín.

Cuando Ángela me preguntó si podía llevarme la lira para cantar y tocar algo pensé que Tod podría estar interesado en la musicoterapia antroposófica, así que accedí gustosa.

Me quedé un poco extrañada cuando, siguiendo las indicaciones para llegar al lugar de encuentro, me vi ante las puertas de un cementerio. – Ya me he vuelto a equivocar – pensé mientras comprobaba que la dirección coincidía con la que tenía apuntada en mi servilleta. –… este Tod debe ser un personaje interesante… mira que citarnos en un cementerio… –

Con ese pensamiento atravesé los grandes muros de piedra.

Mientras caminaba divisé a un gran grupo de personas a lo lejos, en lo que parecía el patio de una capilla. – Un funeral – pensé mientras seguía caminando en esa dirección. De pronto, entre la nebulosa de voces, distinguí el característico sonido mexicano de las carcajadas de Ángela y me dejé guiar por ese sonido para encontrarme con ella y con Tod.

Pronto me sorprendí en el interior de la capilla tomando café y tarta con cien desconocidos; hablando y compartiendo experiencias sobre la muerte y el morir; cantando y tocando para ellos, y todo, sin noticias de Tod…

Sentía una gran emoción viendo cómo aquellos desconocidos intercambiaban vivencias, pensamientos, sentimientos y emociones sobre experiencias que habían tenido en relación con la muerte; cómo una mujer contaba los sentimientos que había tenido acompañando a su padre enfermo de cáncer; otra que tenía una enfermedad terminal a la que sus hijos ya daban por muerta; otros que hablaban de su experiencia con el duelo, otros que se limitaban a escuchar…
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Estaba maravillada por la libertad con la que la gente hablaba, por la situación tan cotidiana en la que se estaba desarrollando, por la naturalidad tan inusual que inundaba a la muerte.

Y es que la tendencia habitual que rodea a la muerte en nuestra sociedad es la del secretismo. Nos afanamos en silenciarla, en obviarla, en enterrarla. La vestimos con un grueso manto negro que no deja pasar la luz, cubriendo también nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestro dolor. Tiñendo de negro todo lo luminoso que se encuentra tras la muerte.

No obstante, de algún tiempo a esta parte, se viene presintiendo un nuevo impulso, una nueva fuerza que silenciosamente va tirando del hilillo del manto haciéndolo cada vez más débil, más endeble. Se empieza a disipar la oscuridad, comienzan a despuntar destellos a través de las fibras del manto, se empieza a adivinar “la luz al final del túnel”.

Mientras escuchaba las distintas intervenciones me sentía partícipe de algo importante; sentía cómo con cada palabra se iba arrojando un poco de luz, cómo con cada pensamiento compartido íbamos destapando un poco más a la muerte.

Al cabo de dos horas la gente empezó a marcharse. Mientras guardaba la lira en su caja y recogía las partituras, veía desfilar a las personas hacia la puerta y me divertía intentando averiguar cuál de ellos sería el misterioso Tod.

A la media hora ya sólo quedábamos Ángela, el dueño del café y yo.

– ¿Dónde está Tod? – Pregunté ya un poco irritada.
– ¿Tod? ¿qué Tod? – Respondió Ángela
– Tu amigo, con el que íbamos a tomar el café…
– No conozco a ningún Tod.
– ¿? ¡! ¿¿?? – Por un momento pensé que me estaba empezando a fallar la cabeza – Pero… ¿no habíamos quedado hoy con tu amigo Tod (el que está de visita en Berlín y le interesa la musicoterapia antroposófica) para tomar un café?

Ángela estalló en carcajadas mientras yo la miraba con incredulidad

– Ja,ja,ja,ja… ¡No! ¡Un café con Tod, no! jaaa,ja,ja “Cafe Tod” ja,ja,ja,ja… “Tod” en alemán quiere decir muerte.- Me explicó mientras se enjugaba las lágrimas de los ojos.
– ¿Tod? ¿Muerte? Juaaa,ja,ja,ja,ja… ¿¡así que no hay ningún amigo Tod!?
– No, “Cafe Tod” (o “Café mortal“, como se dice en español) es como se llama la iniciativa a la que acabas de asistir, en la que desconocidos se reúnen para hablar de la muerte en un entorno normalizado, abierto y respetuoso, tomando café y comiendo tarta.
– ¡¡¡Aaah!!! Ja, ja, ja… y yo preguntándome quién sería Tod…

En fin, aquél Viernes iba a tomar un café con Tod y me lo acabé tomando con Todos…

Texto: María López Aragón
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