Cuando me llevéis a la tumba

Cuando me llevéis a la tumba, no digáis: “Al descanso eterno”

Junto al hábito de peregrino ponedme un par de botas para caminar.

Tres días descansaré, después el camino emprenderé –

entre glaciales y hogueras: estrecho es el sendero de los espíritus.

El aire de las alturas es bueno y pronto sanaré.

Mi paso, libre de ataduras terrenales, atraviesa siete esferas estelares.

Llevaba una vestidura terrenal, no libre de impurezas.

Mas en el rocío del fulgor lunar pronto se limpiará.

Si camino por el sendero de la penitencia fiel al trazado de plata,

a mi caminar prestará Mercurio sus sandalias aladas.

La fatiga del camino da paso al alegre impulso de los espíritus.

La misericordia de Venus brilla y rejuvenece al peregrino.

Glorificado por el resplandor de la rosa, pura como el lirio

el alma del hombre atraviesa la puerta del Sol.

El ángel del Sol da la bienvenida:

“¡Recibe la lanza y el escudo!”

Que te llaman a competir en los vastos campos de Marte.

Para que tu alma humana en espíritu universal se pueda convertir:

debes encender tu luz en el resplandor de Júpiter.

Saturno, que une la vida y la muerte, guarda un eterno tesoro.

Del silencio surge el nacimiento: al comienzo estaba la palabra.

La palabra universal resuena en toda la dimensión estelar

Para relevar de la muerte al espíritu eterno.

Así crece el espíritu del hombre glorificado en la luz divina,

hasta volver a la tierra por un impulso de amor.

No conoce el descanso eterno, le va el hábito del peregrino,

Más un par de botas para caminar por el sendero del destino.

Rudolf Meyer.

"Los zapatos" 1866 Vincent Van Gogh

“Los zapatos” 1866 Vincent Van Gogh

 

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4 pensamientos en “Cuando me llevéis a la tumba

  1. Maria es precioso el texto y yo me apunto a pedirle a Mercurio las botas aladas pues las de Vincent Van Gogh parecen pesadas y son terrenales o terráqueas llenas de polvo

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    • Muchas gracias por tu comentario, Ana.
      Si, el aparente desgaste de las botas alude al camino recorrido a través de las diversas existencias cósmicas y terrenales. A mí se me antoja su aspecto pesado como una alegoría a la pesadez del cuerpo físico, que en la existencia terrena acoge al alma y en la cósmica actúa como reminiscencia de lo que se es.

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