Día de Muertos

Hoy quiero compartir con vosotros mi último descubrimiento, “El día de Muertos”.

Ayer empezamos con los preparativos y ya me sentí extrañada cuando Ángela sacó de una vieja maleta un montón de telas de colores vistosos: naranjas, amarillos, fucsia… y me pidió que le ayudara a colocarlos para crear un altar. -¿Un altar? ¿para el día de los muertos? ¿con estos colores?- Pensaba mientras me acercaba a recoger las telas. Caminando de vuelta hacia donde se suponía que iba a estar el altar iba mascullando pensamientos cuando de pronto se me escapó uno:
– Pero estos colores… no pegan.- Ángela se giró divertida – ¿Cómo que no pegan? – pues que no pegan, que no los veo yo… – Nunca has celebrado el Día de Muertos ¿Verdad?- Canturreó sonriendo mientras se alejaba moviendo las caderas al son de una música extravagante que acababa de poner. Desconcertada me sumergí entre los tejidos de colores. ¿Qué tenía que ver todo aquello con el negro, el morado o el rojo vino al que había estado acostumbrada?

Tras un rato de forcejeo entre tejidos conseguí asomar la cabeza, cuando, para mi sorpresa, me vi rodeada de todo tipo de objetos curiosos: divertidas calaveras de azúcar, vasijas gravadas, esqueletos enjoyados, candelabros antiguos, guirnaldas de colores con figuras huesudas, cactus, velas, floreros, imágenes de Frida… todo ello parecía cobrar vida al salir de aquella vieja maleta. Los esqueletos danzaban, las guirnaldas ondeaban, los candelabros tintineaban… entonces lo vi claro:
¡estábamos preparando una celebración a la vida! La imagen que estaba aconteciendo ante mis ojos no dejaba lugar a dudas. Aquellos objetos que habían permanecidos sin vida, enterrados en aquella maleta durante tanto tiempo, ahora se agitaban el polvo de la muerte para volver esplendorosos entre nosotros.

Estaba sentada en el suelo absorta en la contemplación de esta instantánea, cuando algo desenfocado apareció por la derecha desapareciendo inmediatamente por la izquierda. -¿…? Demasiado incienso… pensé impasible. ¡Otra vez! … ¡¡y otra más!! Ya estaba empezando a preocuparme… – vale, tranquila ¿llevas puestas las gafas? (esto es lo primero que uno se tiene que preguntar si es poseedor de una miopía magna y empieza a ver cosas misteriosas). Palpándome la cara comprobé que no estaban, mientras aquella cosa no hacía más que contonearse de un lado para otro, muy rítmicamente he de decir… Me palpé el escote por si me las había colgado, los bolsillos delanteros, los traseros, los alrededores (cuando uno tiene miopía magna y no lleva las gafas puestas palpa, sólo palpa…), por palpar… me palpé hasta los tobillos. Estando en aquella posición bastante cuestionable las gafas hicieron acto de presencia. Parece ser que las tenía puestas a modo de diadema y que la leve inclinación de cabeza que hice al ir a palparme los tobillos fue suficiente para que éstas se deslizaran por mi frente para acabar en el sitio que les corresponde. Ahora que había recuperado la vista ya podía descifrar qué carajo era esa cosa que daba bandazos. De pronto vi a Ángela de espaldas, con los brazos en cruz, sujetando una bandera mexicana y moviéndolos de lado a lado al ritmo de la música. – Para matarla… pensé. No sabía si reír, llorar, estrangularla o si ponerme a bailar con ella.
– Esta mexicana me va a conducir a la locura…

Esta experiencia me ha llevado a investigar y a reflexionar…
Halloween, Día de Muertos, Día de todos los Santos ¿no son todas, en el fondo, la misma celebración? ¿No comparten, en esencia, la misma finalidad espiritual? ¿Y por qué la sensación anímica es tan diferente? ¿Qué elementos sociales, culturales e ideológicos subyacen tras cada una de ellas? ¿Será que todo depende “del cristal con que se mire”?

Pues bien, yo me he cansado de mirar con el cristal del negro, del silencio, de la frialdad, la tristeza y el dolor. Lo abandono. Mi alma resuena con el de luminosos colores; con el del recuerdo que se tiñe de alegría, con el de la voz que se torna en melodía, con el que calienta el corazón.

Lo he decidido: A partir de ahora celebraré la vida. Celebraré el Día de Muertos.

dia-de-muertos-1
Texto: María López Aragón
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