El tratamiento de la muerte a través del cine

Hoy quiero compartir con vosotros uno de los primeros trabajos que realicé sobre la muerte, allá por el año 2009, cuando aún andaba sumergida en la investigación didáctico pedagógica del tema. Por aquél tiempo aún no había despertado mi conciencia científico-espiritual, no obstante ya se venía fraguando el florecimiento.

Recuerdo con ternura aquél temor inicial… el sólo hecho de pensar en aproximarme conscientemente a la muerte me daba miedo. Era un temor extraño, como un sudor frío. Recuerdo que estuve valorando la situación muy seriamente, incluso me sentí tentada a no seguir aquél camino. Aquél extraño miedo me paralizaba, me bloqueaba, me cortaba la respiración; sin embargo, por otro lado, me sentía atraída hacia aquella “nebulosa oscura”. Y es que, por aquél entonces, a pesar de lo cercana que había sido para mí la muerte, la veía como una nebulosa oscura. Mis ojos, mis labios, mi conciencia, mi alma, se encontraban aún enterrados entre toneladas de prejuicios, temores y desconocimiento. Sentía en el pecho un agujero, un sentimiento que a la vez que me paralizaba me atraía hacia ello. Quizá tuviera miedo a hablar y destapar la caja de pandora, quizá tuviera miedo a mis propios sentimientos, a escuchar aquellas voces que llevaba ignorando tanto tiempo; quizá tuviera miedo a que de las profundidades de mi ser la verdad emergiera a la luz de la conciencia.

Siempre he creído que la vida “se construye” a base de elecciones. Las que consideramos más nimias, las que creemos más importantes, las que hacemos casi sin pensar… “vivir es elegir”, escribía durante mi pubertad en alguna carta para mí misma. “Vivir es elegir”, repito ahora sentada desde mi escritorio con la mirada perdida en la imponente azulidad. Y eso es lo que hacemos, elecciones. Elegimos a todas horas: durante “la vida”, durante “la muerte”, en “el sueño”, en “la vigilia”… las elecciones marcan nuestros caminos, definen nuestra trayectoria, nos hacen plenamente humanos, poseedores de aquello que nos diferencia de cualquier otro ser: El libre albedrío.

Yo elegí ser valiente y no dejarme atrapar por el miedo. Elegí enfrentarme a aquello que me mantenía amordazada, a aquello que me hacía pequeña; elegí luchar para poder crecer, para poder ser… y elegí y elegí y aún sigo eligiendo.

Me gustaría que el siguiente trabajo fuera usado a modo de guía. Me explico:

En la mayoría de ocasiones cuando vemos cine o televisión nos sentamos delante del aparato y miramos sin ejercer ningún tipo de crítica o filtro, exponiéndonos así a todo tipo de informaciones, símbolos y mensajes subliminales que nuestra conciencia ordinaria puede no registrar pero que sí quedan grabados en nuestro inconsciente. Normalmente tras ver una película casi nadie se hace preguntas del tipo: ¿Qué he visto? ¿Qué mensaje quería transmitir el film? ¿Qué mensaje he recibido al verlo? ¿Qué clase de emociones y sentimientos se han despertado en mí al exponerme a la producción? ¿Estoy de acuerdo con el mensaje? ¿Qué símbolos o imágenes ha utilizado el director para transmitir el mensaje? ¿Qué tipo de imágenes he consumido: eran bellas y armónicas o eran sangrientas y obscenas? ¿Cómo me siento ante tales imágenes? Etc, etc.

Es impresionante la cantidad de estímulos a la que estamos sometidos cuando nos colocamos delante de la televisión, estímulos que muchas veces pasan desapercibidos o no somos capaces de interpretar. Este hecho cobra soberana importancia cuando son nuestros hijos los que permanecen sentados ante el televisor, ya que ellos no poseen las herramientas necesarias para descifrar e interpretar todos los mensajes y símbolos; y lo que es más importante, en ocasiones no tienen la capacidad de discernir las intenciones que se esconden tras una imagen, una secuencia o una acción.

Con todo esto sólo quiero exaltar la conveniencia y la necesidad de adoptar una actitud activa, crítica y reflexiva ante las imágenes que consumimos.

En el trabajo “tratamiento de la muerte a través del cine”  se exponen algunas orientaciones metodológicas para transformar nuestra experiencia ante la televisión, reconociendo en el cine no sólo un elemento de ocio y divertimento sino también un poderoso recurso didáctico y para el aprendizaje, en este caso, de la muerte.

 Texto: María López Aragón

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This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

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