La conciencia musical

Han transcurrido algunas décadas desde el inicio de estas investigaciones y la ciencia sigue sin prestar suficiente atención a estas experiencias. “El escaso valor concedido generalmente a la experiencia subjetiva, en parte debido a que los estados alternados de conciencia han sido tradicionalmente considerados como anormales y por tanto mórbidos o incluso patológicos, y en parte porque no se pueden testar en laboratorios, nos ha llevado a infravalorar el valor potencial de muchas áreas de la experiencia humana”, se dolía Hilary Evans en un capítulo dedicado a la “frontera final” en Frontiers of Reality (1989).

Consciente de que no se ha efectuado un esfuerzo organizado para documentar las experiencias auditivas que comentamos, el investigador americano Arvin Gibson ha emprendido la tarea de recopilarlas cuando acontecen al borde de la muerte. Próximamente publicará un estudio en The Journal for Near-Death Studies, donde hará hincapié en el marcado impacto emocional que esta música produce en los testigos, similar al la “luz” al final del túnel: “Tanto la luz como la música parecen estar interconectadas en el nivel emocional más profundo. La alegría inefable, paz y amor asociados con la luz son también concomitantes con la música”, ha contado Gibson para Más Allá.

Los recientes descubrimientos neurológicos sobre la percepción musical nos han ayudado a entender cómo procesa el cerebro los estímulos musicales del mundo físico, sin embargo no dicen nada sobre los orígenes trascendentales de la música en sí. Afortunadamente, al margen de la valoración que de ella hagan los científicos es un hecho que la música de las esferas produce una gran impresión en las personas que la escuchan. Sus informes representan sólo un atisbo de lo maravillosa que debe ser esa música (ver recuadro). Quizá cada uno de nosotros llegue a escucharla cuando su conciencia trascienda los límites terrenales. ¿Será como el eco de una existencia premortal que nos devuelve al paraíso? Así lo pone de relieve Paloma Cabadas: “Creo que está presente en el momento de la muerte para facilitar ‘con honores’ la salida de la vida humana. Podemos pensar que es una garantía de recuperación de la lucidez en el periodo post-mortem”.

¿CÓMO ES LA MÚSICA CELESTIAL?
Tras darle vueltas durante varios años, Scott Rogo llegó a la conclusión de que las especulaciones metafísicas de los filósofos griegos y los sabios orientales probablemente hacían referencia indirectamente a una gran verdad espiritual. Así lo exponía en su obra Beyond Reality (1990): “Quizá la ‘música de las esferas’ es una especie de propiedad de las esferas superiores, reinos espirituales que existen dentro del Universo entrelazados con el mundo físico que habitamos. Quizá entramos en este reino al morir”.

Por su parte, Arvin S. Gibson, investigador de las experiencias cercanas a la muerte, parece compartir de algún modo las ideas de Scott, según sus declaraciones a Más Allá: “La música y su poder evocador podrían nacer de un reino trascendental, un dominio que está por completo al margen del mundo convencional del tiempo y el espacio. Esa música de corte celestial que remueve el alma, y el reino del cual los grandes compositores parecen extraer su inspiración, y donde acontecen las experiencias cercanas a la muerte, parecen tener sus orígenes en ese mundo trascendental, extra-mortal”.

Gibson insiste antes de despedirse que “tal música pura deriva de un mundo que no requiere un cerebro funcional en absoluto, sino que resuena en el alma cuando se libera temporal o permanentemente de las limitaciones físicas”.

Otro moderno investigador de este fenómeno, Joel Funk, confirmó en los años noventa que aproximadamente una de cada tres personas que tienen experiencias cercanas a la muerte escuchan música o una especie de sonido zumbante que definen como celestial. Con ánimo de descubrir cómo suena dicha música, Funk hizo diversos experimentos musicales con los testigos de su investigación. Aunque muchos afirmaron que ninguna música terrena se parecía a la que escucharon en el trance, algunos sintieron que ciertos fragmentos seleccionados por Funk se acercaban bastante, sobre todo los de música “new age” con su zumbido o sonsonete electrónico. La pieza más apreciada en este sentido fue la llamada “Angels of Comfort”, del compositor californiano Iasos. “An Ending” de Brian Eno y algunos trabajos de John Serrie y Steve Reich también gustaron. La música clásica, en cambio, no consiguió tan buenos resultados, excepto algunas obras como el “Santo Grial” de Wagner y los “Adagios para cuerdas” de Barber. “Cuanto más permanecía la música flotando, sin alcanzar un clímax, es decir, cuanto más estaba ‘ahí’, más gustaba. Personalmente creo que algunas obras de Bach, Beethoven y otros son más espirituales que la mayor parte de la música ‘nueva era’, pero al parecer no suenan tan celestiales. He intentado explicar esta paradoja, pero no lo he conseguido”, concluye Joel Funk.

OTRAS MÚSICAS CELESTIALES
Los episodios auditivos de música trascendental fueron clasificados a principios del siglo XX por el investigador italiano Ernesto Bozzano en las seis categorías específicas que resumimos a continuación. Aunque no se incluyen aquí, es preciso señalar que también se conocen casos históricos colectivos en festivales religiosos.

Fenómenos auditivos “objetivos” con la ayuda de un médium. A veces se producen sin ningún instrumento musical como en el curso de las sesiones del médium William Stainton Moses; en otros casos, suceden con la ayuda de instrumentos musicales pero sin la participación directa del médium, como en las sesiones de Daniel Douglas Home; en otras circunstancias, se manifiestan de forma puramente automática, como en el caso del médium pianista Aubert.

Manifestaciones de “origen telepático” en las que el fenómeno de audición musical coincide con sucesos de muerte a distancia.

Audiciones musicales con carácter de “encantamiento”, es decir, las que se producen en lugares supuestamente encantados como cementerios, casas fantasmales, capillas, etcétera.

Música trascendental sin ninguna relación con la muerte pero percibida por un sujeto sumido en el denominado sueño sonambúlico (trance hipnótico), durante un sueño lúcido o en estado de vigilia si el sujeto es muy sensible.

Episodios de audición musical en el lecho de muerte. En estos casos sólo el moribundo escucha la música, pero hay ocasiones en que algunos de sus acompañantes también la escuchan y, a veces, todos los presentes. En esta categoría deben incluirse asimismo las acaecidas durante experiencias las extracorpóreas espontáneas, los sueños lúcidos y las cercanas a la muerte (al margen del lugar donde acontezcan, ya que las tienen muchos enfermos moribundos que luego se recuperan, al igual que personas que sufren accidentes casi mortales).

Sucesos de audición musical tiempo después del fallecimiento de una persona, es decir, personas en trance de morir -pero no necesariamente- que escuchan cantar a amigos o familiares fallecidos tiempo atrás.”

Publicado en Más Allá, nº 165, noviembre 2002, páginas 80-84).
© Isabela Herranz

Estos son tres de las piezas que se mencionan en el artículo como las más próximas a esos sonidos celestiales. Al escucharlas no debemos olvidar que la música física, la que nosotros conocemos en la Tierra, no es más que una tentativa de reproducir la elevada música espiritual.



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