Lo más difícil de la vida (Documental)

Agradecer y despedirse… Pequeñas palabras para grandes gestos; sonidos cortos para largas hazañas; momentos agudos para luchas graves. Ambos entrañan dificultad, esconden temores y guardan tesoros. Pueden presentarse como escarpadas montañas, como profundos precipicios o como sinuosos caminos. Exigen humildad, conciencia y corazón. Grandes aprendizajes que conquistamos a cada paso en la vida; finas capas de cebolla de las que poco a poco nos desprendemos acercándonos así, con cada “gracias” regalado, con cada “adiós” sentido, a nuestro centro. Porque en cada agradecimiento se produce un encuentro, se tejen lazos invisibles entre seres que se reconocen como iguales.

Al decir “gracias” con el corazón, por un instante eterno nos vemos reflejados en los ojos del otro; ya no estamos sólo dónde permanece nuestro cuerpo, sino que de repente nos encontramos mirándonos a nosotros mismos. Los ojos del otro nos devuelven nuestra imagen para que nos reconozcamos en ellos, para que reconozcamos parte de nosotros en él; y es entonces cuando sucede “la magia”, cuando lo pequeño empieza a ser grande, cuando lo silencioso se vuelve sonoro, cuando lo oprimido empieza a ser libre, cuando lo velado se vuelve perceptible.

Decir “adiós” puede resultar tanto o más complicado porque requiere el alejarse de ese espejo y de la imagen que nos brinda. Al decir adiós cerramos la puerta a lo inmediato, a lo tangible, a lo material y damos paso a lo “desconocido”… nos deshacemos de un racimo de capas (de cebolla) al instante y nos sentimos como desnudos, desamparados en la idea de la pérdida. Es entonces cuando el alma se inunda de un incontrolable ardor que acaba por instalarse en la garganta y que justo antes de abrasarla se ve sofocado por una lágrima.

¡Oh, agua de vida que acudes a mí
para vestirme con un manto de estrellas!
Que suavemente acaricias mi alma,
arrastrando delirios y sentidas penas.
Tú, que velas mis noches
y duermes mi afrenta.
¡Oh, agua de vida
que aclaras mi espíritu de oscuras cadenas!

Es entonces cuando nos encontramos preparados para situarnos de nuevo frente a esos ojos, para mirarnos de nuevo “cara a cara”; pero esta vez no con los ojos físicos sino con los del alma.

Al decir adiós, dos seres se despiden en el plano físico
mientras en el espiritual se saludan.

Así que lo mejor que os puedo decir es: Adiós y Gracias

Pincha aquí para acceder al vídeo.

¿Cuándo fue la última vez que agradeciste?

Safe Creative #1405140861549 Por María López Aragón, Mayo 2014.

Fuente vídeo: https://www.facebook.com/pages/Carlos/305862892893767?fref=photo

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