La barquita de madera

Siempre resulta complicado bautizar algo con el apelativo correcto. Tiene que ser un nombre que no sólo se dirija al intelecto definiendo lo que, en este caso,la cosa es, el tema que trata o los contenidos que podrán encontrarse buceando entre sus páginas; Sino que también debe tener un carácter simbólico que “hable” a otras partes de nuestro ser a las que no se accede a través de palabras. Debe esconder entre esa sucesión de letras un mensaje que se presente ante nuestra alma como una imagen clara del “ser” en sí de “la cosa”. Una imagen que sugiera un estado, una cualidad, una sensación… y qué mejor forma de lograrlo que utilizar el lenguaje de los sueños. Sigue leyendo