Rrrrrrrrrrrrrrrrr ronronea el silencio

Aquellos que seguís La Barquita de madera más de cerca habréis notado un trasiego inusual durante las dos últimas semanas… la no actividad.

Que no haya movimiento no significa que no ocurra nada; igual que el hecho de que haya silencio no implica que no haya música. Los musicoterapeutas sabemos esto muy bien y hemos aprendido a hacer del silencio nuestro maestro, nuestro compañero y nuestro aliado. Conocemos la ferviente ebullición que se esconde tras una pausa; la potente vibración que alberga la quietud; la inconmensurable sonoridad de unos labios cerrados. Sabemos que son en esos momentos de silencio en los que trabajamos para reponernos, reequilibrarnos, reordenarnos, rehacernos o renacer. Resulta interesante pensar que todas estas acciones implican un volver a hacer, un partir de algo ya adquirido para reconstruir a partir de ello. Ese es, precisamente, el carácter que tiene la “r”.

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El silencio está cantando

Todas las habitaciones o cuartos de terapia son diferentes; como diferentes son sus terapeutas. Las hay grandes, pequeñas y diminutas; luminosas y oscuras; extrovertidas y enigmáticas; estudiadas e improvisadas… pero todas guardan algo común: la magia que las habita.

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Los encantadores trajes de la depresión

No sé qué grado de cercanía has tenido con la depresión. Quizá la padezcas o la hayas padecido tanto en tus propias carnes como en las de alguien cercano; o quizá, simplemente, hayas oído hablar de ella “de lejos”. De lo que no me cabe duda es que tienes alguna idea sobre el asunto.

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